Santuarios al Culto del Templo

Hechos del Pan Sagrado

 a l@s amig@s de la Teosofía,

y de l@s /monjes/as /sin /rostro y /sin /rastro.

 

 

 

Matan las penalidades siempre…

a Ti, de maneras reflexivas, expongo

las puniciones arenosas más acusables.

 

 

Muge lo correctivo merecer la Obra:

Sadomasoquismo del Ser.

Monólogos en Toro.

Oda Directa a Evocación que Acecha.

parte del TODISMO

 

 

 

00008

 

 

 

atardecer de aceptación

 

076 - 099

 

 

076

 

Pulmón móvil en el sol

asalta, abanico de orillas

al espejo de la llanura

de verdes inmovilizados.

 

Se pasa el día —o no se pasa—

tan largo, largo, dilatado,

apaisado entre las yerbas;

parece que íntegro espera

de espera, más que espera

hacia los inmóviles árboles

que templan la escena.

Adormece el acto (episodio)

para qué banderas útiles,

ya que no existen patrias,

puesto que nada encierra

del momento hallable

el tener de tierras (otros

movimientos, pues conduce

a pena) otra permanencia.

Progresa el día abierto

entre cercanías del firme

(un toro), cierto indestructible

aliento de un bostezo muerto

que ha frenado eco

del sentirme esfinge.

Para el día el Cielo

se olvida (o no) del tiempo.

 

 

077

 

¿Qué he visto personalizado

bajo los soles del Cielo,

no es el continuo volar

que revoleos se obtiene

de la Ilusión que nos toma

el dibujar que colora

la más ambigua destreza

que yo he sido —quién duda—,

el nunca Aquí que se presta

para los ellos al Alma?...

 

 

078

 

En un seco paraje,

la luna finge y el toro duerme.

 

Ruido que va de la acción

busca el milagro.

 

Por querer tiende la mano

a la lógica más disuelta,

y encontrarás a tu engaño.

 

 

079

 

Miré hacia el infinito,

campo de mi deseo,

y pulcramente cúrvico

bobeaba un eco.

 

Hoy suda todo el pinar

y los ilimitados fragmentos

que se enllama el fuego.

 

 

080

 

Interacciona a perpetua deshora,

qué infinitos de toro...,

llevando a conjetura lógica

su extrema naturaleza.

 

La tarde, en su desgana sonsa,

da sentido triste a recogimiento.

 

 

081

 

El crepúsculo encierra

el cerrojo de sombras

que adolece adormecer

los músculos del aire.

Huele a bosta y orina,

los temores rozados

de quietud embobecida

a rumiantes desgastes,

‘sentido y abstracto lucero’.

Adorna la humedecida

sintonía que arrastra

avivar los contornos,

amanecer que mueve

todo el campo hecho.

 

 

082

 

Hasta donde encamina

animal con lo no pagado,

apacigua en pitón de calma

colina arriba, ladera abajo.

 

 

083

 

¿Para qué triste y sereno

planta en temple de raza

ir rumiante audaz de hado

hacia el azul de sus almas?...

 

 

084

 

Bailo en órbita sin ti,

y quema sobre la llama

voz destilada de risco

y tierras de exactitud.

 

 

085

 

Al mediodía, puntal y peso

—sol dividido a pezuña y campo—,

campo hendido y bostezo.

Casmodia a mugidos abiertos,

y lo vi a sueño en sus ojos.

 

 

086

 

Porque cantó el gallo del establo,

el buey alinea surcar del campo.

 

 

087

 

En el ámbar de las ramas

al atardecer, reposa

implacable a pezuña

de otoños, el bufido.

 

Caen las hojas,

y el pájaro presiente

los vuelos viejos.

 

 

088

 

Rebufa castigos apacibles,

como si se diera al llanto

prorrogado hacia crímenes.

 

 

089

 

¡Qué agonía desdeña

a los instantes azules

de las horas vencidas!

 

Este año, el saltamontes,

ha encendido el campo

del dolor, por verte.

 

 

090

 

En la tiniebla,

espesa el morlaco,

parece nadie.

 

Zumbada de abeja

la lumbre a la vela.

 

 

091

 

Ventisca de la lejanía,

el buscado ocaso...

la senda que acosa

ondulando a todo el matorral

y aparta del morlaco

moscas y gusanos.

 

 

092

 

Quien topa abrir, es alma...

Allá por las dehesas solanas, pasa

vetar nieblas umbrías y mañanas.

En cornúpeta de fatigas va en sí,

y no se salva del canguelo, elegir

que prolifera de humillado

en sus entrañas de arrojos.

 

 

093

 

Luce la oración a sus emblemas,

formas. Parte en su fatiga... encierra

un algo sudado, que a cada fuerza

hace arenas de luctuosos flujos, presos

en el olor distinto de estos años.

 

 

094

 

En el mes lindero,

donde el frío ha nevado

el moco expirado

a perfil de quietos,

se siente ausencia

buscando el fracaso.

 

 

095

 

La vaca brama,

y el toro muge

sobre la loma

y el mañana...

Paca de paja

come la vaca,

y un Toro sueña

en las dehesas

mustias del alma.

 

 

096

 

Se escribe el verano

pasto chamuscado.

Por la sed que tiene,

no podrá beber

ni el almendro eco.

Entra el aire seco

entre lo pelado

de los sentimientos.

Se halla el verano

de los campos viejos,

y en el encinar,

desde el algarrobo,

trueque de chicharras

han de reventar

el olor a fresco.

Y de fuego, cielo...;

nada se da más

que el calor sereno.

Tanto sol lo tienta

sin poderse dar

piedra que lo aviene,

castigo de toro

bajo el ir imberbe.

 

 

097

 

Entre urracas para un toro

como si no se tocara

otra expresión al decoro.

Rezo de estatua lo afirma

en temple visto y flama

ante el verano de fuegos.

El ‘quieto’ obtiene en horas

lo que medita el momento,

hechos de luz que lo adora

en la somera de agua

de una lágrima sonora.

 

 

098

 

En la maleza siente arder inmoble,

a nervudo coraje de sus rabias...,

afinca erguido el velado, lumbre

para que de espacio trashumante,

prados cenicientos de costumbre,

sonseen pedregales achubascados,

que a toros no detiene enamorad@s

y nadas persiguen lo que hunden.

 

 

099

 

Voy a contar un decir

que se sostiene dejar

la ida con el venir.

Pasa la luz hecha voz

y no alejada de ti,

que la encierras, o mejor,

la amativas definir

sonsa ley de su partir.