Santuarios al Culto del Templo

Hechos del Pan Sagrado

 a l@s amig@s de la Teosofía,

y de l@s /monjes/as /sin /rostro y /sin /rastro.

 

 

 

Matan las penalidades siempre…

a Ti, de maneras reflexivas, expongo

las puniciones arenosas más acusables.

 

 

Muge lo correctivo merecer la Obra:

Sadomasoquismo del Ser.

Monólogos en Toro.

Oda Directa a Evocación que Acecha.

parte del TODISMO

 

 

 

00014

 

 

 

réquiem de consideración

evoca lid de confianzas

 

233 - 427

 

 

233

 

En el jardín de mayo,

helo esencia, flor de brisa,

y da susurro a destajos:

toro manso y todo bravo.

Muge denso de veranos

—sol sin corazón— y arrima

sudar las espigas grano,

dorar la huella de arenas

y alejada del reparo.

Dentro del cuerpo encuerna,

y sólo en alma callarse

el otoño luz de lunas

—el leve ‘amor’ soñoliento

que suda el sentimiento

copla de poca fortuna

y tanto estremecimiento—.

Siempre lo topa el invierno:

creo en dios... ¡¡Basta,

que rezan las penitencias

tener perdón y no dudan

hallar con fe la canción!!

Darse toro, el/la matador/a

que lo deduce rumores

de la ciencia que asola

el carmín de sus pasiones.

Lo aviene sin vanidad

“torer@”, y temblor de lidias

—este ‘está’ de nunca más,

que mentiras se fastidia

y no goza el descansar

tonos de la boba envidia—.

En el carmen de mayo,

henos a perfil de nadas

las esfinges que fingimos.

 

 

234

 

En el establo, el olor que crece

familia pasiva y temerosa,

ronda el lenguaje de qué fracaso.

Los retrógrados ambientes

piensan: la violencia (arrebato,

rudeza, furor, efusión) es buena,

afable para defenderse.

 

 

235

 

Repleta la lonja de confianzas

—el grano y los cebaderos,

que colman francos hallazgos

del nombre que ilusiona cantos

de estancia para el invierno—.

 

 

236

 

Para el corazón queda

a polo del sentimiento

el toro que peno y pena

por ser Toro a otro momento.

¡Que la Luz y las sombras

no tienen otra Cabida

que ser Vida que honra

sitiares, las simetrías

que rondan abandonarse!

¿Y no desprende la flor

el aroma que consume

al todo que la encontró?...

 

 

237

 

El/la maestr@, si lo estima,

se ufana de toreador/a

vencerse las banderillas

que enhebran el corazón,

la pena que l@ enamora

vencida del vencedor

que pisó versar las lomas

ecos de frío y calor.

 

 

238

 

De trillador pasa el buey

todo conflicto; estima

de lo buscado las rimas

del abandono —sin vicios—.

Continuidad sigue el “Ir”

pisando huellas del Día,

y no se importa la Senda

que lo Detiene.

Hace círculos de era

el grano para secarse

del buey sudando las penas.

Sin más reparo,

de Trillador nuestro Cielo,

hace el Azul que se Arrima

Velo Sereno.

¡¡Basta!!,

que el fuego se arde

para silencios, y escapan.

Huid@s, ya no seremos.

 

 

239

 

A la orilla del río

pasa la gana

lo que ya es suyo.

 

Descubridora pureza deriva

un objeto mutuo e inaplazable,

y nos confluye del ánimo

con la “no-acción” seguir viviendo.

 

La gana crece

sobre el arrullo,

ciencia del agua.

 

 

240

 

Pezuñan instintos adversos,

qué albores, topar en ánimo

mugiente, miedo... la frente.

Estoy con toro bien nacid@,

ennoblecid@ en sus fuerzas

bajo el aliño del sol tiznado

de la España caprichosa.

No duelo, ni suspiro id@

—más silencios—, que olvido

para equilibrio el sosiego

en los pitones, y ensueño

breñales acotar el alba,

y tengo razones y puedo

velar la desazón de viejos

instantes al toro nuevo.

De h@mbre va el nombre

que habita en los ejidos

donde ya nada se esconde;

mientras come, lo comen

en la espera enlunada

que se hierve las sangres

a bravos olés y nadas.

Pesuño de estímulos hostiles,

los desplomes. ¿Qué los aguarda,

ya que consumen pronto

los valores de las faltas?...

 

 

241

 

Perfiles topo de mueca,

si ensueño las dinastías

ocultas, mas no secretas.

Toro manso a toro bravo,

transcurre la hora prieta

que despierta lo vago

—congojas insosegadas—

que al corazón lo despierta

‘mente’ de las jornadas

que abren dar alicientes,

‘perfidias que se aúnan

dormir pendientes la causa,

falacia a lo permanente

que no sosiega y descansa

para cuestas más mansas’.

 

 

242

 

Modulan definirse

bajo el sol aunado

que apacigua a fuegos,

reservas pasando

a ser toros del Cielo

que enajenan ramas

de los encinares

y entre olivos viejos.

Vocalizan darse

todo el firmamento

que orilla mugirse

los hierbajos secos,

aspados momentos

hechos penitencias

de los ecos nuevos

bajo las escuelas

que bravean los tiempos.

Rítmicos ocupan

sentir las costumbres

que los hace ‘hijos’

hacia nuestras penas...,

horas que se tienen

rondar encerraderos

de la macro comarca.

Se dan costumbres

las marcas de los cotos

y embleman esencias.

 

 

243

 

Ha nacido en la cúspide

de tu olvido, y el dolor

del momento —toro fuerte—

traicionero va conmigo,

contigo, a sangre herida...,

empezando su muriendo

más consigo; corazón

latiendo causa esta pausa.

Son los celos, el celo torero.

Tauromaquia dañina,

espera un poco.

 

 

244

 

Fragmentos de tomillo

sangro sentid@ y sonrisa,

el coto español y tenue

que reza de dios —no mío—

hundida huella de arenas.

En bravo incienso topa

endiosarse con las lunas...,

dormir noble y sin miedos

en las áridas mesetas

del sueño más despierto.

¿Qué mueve el momento

esquizofrénico tiempo,

y suda de olés —los vientos—

y no tengo esperanzas?...

Yace el toro... y al alba

se tiene lejos del Llanto

que Adormece a la Nadas

huellas de Espiritusanto.

 

 

245

 

El/la noviller@ hace ovillos.

No olees ver del toro

lo bravo sin lo sencillo...,

él no finge en la arena

las fuerzas de su mugido.

 

 

246

 

¿Qué reta sobre sábulo

(ruedo, albero, escena),

el apto acto de temples?...

Antes, siempre lo buscaban...

¿Quién es?... Aún nos calla.

Todo cuanto no pasaba

lo llamaron dios

—Verbo Templo de Agua,

Sentimiento al poeta—.

En Filósofo dormido

se encontró con la Voz

(el Sentido Primario);

luego tod@s lo rezaban

de Fuerza que se persiste.

Temo por si somos Alba

del renacer sin raíces,

sea sol quien manso vista

este viste, y el Mañana...

¿Entiendes loc@ amante

de la palabra escrita

en un papel de viento y polvo?...

En bellos ojos de ‘amor’

heme que nos lloro, y callas,

callas tanto a desamor.

 

 

247

 

Por si vive amplio

toro sentido,

¿qué busco y no persigo

de meta pitón de fuegos,

ir celos de soledades,

vacío, si voy contigo?...

Me llena esta ilusión,

toro de olvidos.

 

 

248

 

A la hora de morir

en toro, buscaba a dios

(más Andaluz que la Piedra).

Luego pensó, y diferente

topó suspiros de la ‘suertes’

en los sosiegos del sol.

En esta orilla de calmas,

allanó amargo silencio

y enlazó a la pasión

taurina; sin esperanzas:

‘Toro, Volcar de Dios’.

 

 

249

 

No más la sintonía vuelva

idilio de toros sobre ella misma.

Este año de sangres, podaremos

las ilusiones sin compromisos.

En llanos del sol, nos satura

a crimen de sombras y frío,

un fresco avivamiento del aire,

sueño a despiert@, crepúsculos

de amapolas a su cuerpo ido.

¡Que toro se afincó solo

las fuerzas de los sentidos!

No más a “defensas” vuelvo,

suspiros que sí son míos...

y aquell@s que los otorgan

han de sufrirlos consigo.

Y no importan las riendas,

ya que no existen caminos

en el Encuentro que encuentra,

salvo ‘lo Uno en el Uno’,

Sacro del Santo Principio.

 

 

250

 

Por la dehesa en frío

va de lunas dormido...,

y amapola de viento

sueña signo de esperanza

bajo los movimientos.

En el arroyo —que suyo—

se entrega... y despierto

(más manso que nunca)

dar espada en su sangre.

Es la capa de las castas,

los niveles del Cielo

que a mugido da razas

y condensan sin miedo.

Es la hora más dolida

que asola en el alba

(los móviles llantos)

y desnuda dar boyal,

la fijeza que surte

su lugar de enseñanza.

Altas fuerzas al alma.

 

 

251

 

A temblar sin miedos,

seren@s en los ojos del toro.

Estoy luchando conmigo...

Me pregunto sin respuesta

si el toro del olvido

jugará con nosotr@s...

Me voy sintiendo contigo.

Quiero tener esta suavidad:

‘Suyo’ para siempre.

 

 

252

 

¡Quiera Dios que no persiga

lo Todo que tiene tiempos!

El/la matador/a, por justicia,

busca de juicios severos

a mi dios Torero... ¡Olé!,

si lo sientes, llevas ruedo.

 

– ¡¡Olé!!

– ...(?) ...(!) ¿Qué?...

– ¡Olé-olé-olé! ¡olé-olé-olé,

olé-olé-olé y Olé!

– ...

– ¡Olé! Lo gozas dentro.

 

 

253

 

¿Toro del hambre aceptado,

lo distinto que añoramos?...

Ve el/la que sabe lo que sé

sobre sí mism@, conmigo,

en su donarse complet@.

Santa vacilación ya lo vivo

en los pasos que desatan

presos para el corazón,

tambor que aguanta tonos

—timos— de la sensación,

al abandono del reloj

que suda compás y pausa.

Toro del nombre rebelde,

el amanse en las extinciones

que se burlan las vidas

hasta hamaquearlas suerte

—propendida pendencia

a siluetear de agonías

al yugo de cuerno vaca

en la llanada de arena

mesera, desidia en balde—.

Toro del h@mbre aceptado,

la eterna visión del aire

en las dehesas —al mugido

del toro—, fuerza de nadie.

Toro sufrido de esperas,

densar la lidia del llanto

bajo el tedio de lo óbito,

el anochecer de amamantos.

 

 

254

 

Densa guitarra la pena

que topa arte en el nombre

del temple frío y valiente.

No hay alma más justa,

que en toro ante la ‘suertes’,

sangrante de lunas llenas.

 

 

255

 

Borrascas...

y no hay consuelo.

Estas otoñales escenas,

chubascos.

Estoy buscando

en ‘amor’

cuando abrazan

los porqués,

y los por qué

de amarg@,

y no sosiego

de silencio

en la paciencia

cuerpo y alma

de alma abierta.

 

 

256

 

Esa paz que nunca veo,

la tiento en ‘amor’ y tiene

de guerra que, ¡ay!, no quiero,

tardanza de espectador/a,

y al mismo tiempo serena,

por pena de penas hela

en penas ver su alegría

comprada en toro y torer@.

 

 

257

 

Pedí a Dios como ‘nombre’

la otra “verdad” más exacta.

Encuentro la “sin respuesta”,

la amnesia que se agranda

eco de espada en el toro...,

sangre, sangre, sangre y...

 

En el charca de sangre

se felicitan: la injusticia

y el hambre.

 

 

258

 

Arte que palabra en arte

de español a tez de toro,

piel de ¡ay!, bañado verso,

cara al sol y no morena

ser espada coagulosa,

pálido dios de las arenas,

se tiene sin más reparo:

corazón, toro con dios

y no se libra en las penas.

 

 

259

 

A torer@ de luces

los talantes de arenas

—ruedo de pena pena,

siendo encendida

a sangres amargas—.

De torito enlutado

se ocultan días,

a pitones de llanto

de la honda agonía.

A torer@ de focos,

viva quien viva enlunad@,

el dolor de asumid@

a fastidios mediados

del celeste descanso.

 

 

260

 

Creo que el Cielo se adapta

a la Tierra como el mar,

y el toro de las entrañas

se pule cuando al llorar

se topa cuerpos del alma.

 

 

261

 

Corazón de atavismo

(genética de agravios y condolencias,

tentando sus sentidos valerosos,

a templados, a osados, a impávidos)

salvaje, supura, sufre en albero...

rojo de embistes, temario

que mancha a vergüenza.

España, pesadilla viva.

¿Qué gusta, el Cristo de la cruz

de sus milagros tristes?...

“Orejas y rabo”

vivifica el ambiente.

 

 

262

 

Desnudez de luna nueva;

con oro irrumpió su pinta

en luz de espuma.

El “iris”, plenitud indudable

desde dentro e “indudabba”

desde fuera del momento.

Especie bella: “orejas y rabo”.

Siento que no hay vergüenza

por llamarnos ‘human@s’.

¡Velemos la responsabilidad

que ‘acuna’ la Vida vidas

de la nuestra santidad!

 

 

263

 

¿Y ‘suertes’, qué son?...

[...], facciones a tercios

de pasión, el dolor

dominado de olés.

Buena ‘Suerte’ —me temo—

el/la que vive pendiente

del cariño de dios

(precio de penitencias),

que a Toro se dio

de donar el Perdón

que “Nadas” lo merece,

signo al Alma de ‘Amor’.

¿Y ‘suertes’, qué son?...

el Camino en el nombre

que camina sin Dios

los caminos a no-dios.

 

 

264

 

El/la torer@ se pinta

todo el lienzo de arenas

a pezuñas de toros,

a colores de olés

y esfinges discordes.

El/la torer@ se mima

en el lienzo, qué traje,

que l@ engaña —según él/ella—

de óleo a sus ‘suertes’

de estrella, y a lunas

nuestr@s; toros habientes.

El/la torer@ se tiene ‘olio’,

ver del sotatoro la Vida

y que l@ amaine dócil;

y la conforte —compenetrarse—,

réquiem de bufidos

a bandera de España.

 

 

265

 

Cuanto más crece

el/la matador/a de la Vida,

a el/la ‘cristo’ enfurece,

el/la que lleva dentro

más corazón

y estremece sentir

antitaurin@ valiente.

 

 

266

 

El ‘ojo’ del dios tricornio,

pupila dilatada nos castiga,

miradas infinitas del pegaso

que lidia a sus tres fases.

 

 

267

 

A peso nos detiene admirad@s,

y no se nos descansa ir del eco

que al Cielo lo asila saturable

—descuidos a lapsos por salir

arranques de siglos venideros,

adonde nada se encurta a piel

de toros subrayar la Suerte—.

A lastre —alejad@s y vendid@s—

del deseo que ha eternizado,

sufrimos admisibles tolerarnos.

 

 

268

 

Pezuña si pisa fuerte.

Baja breña la criaron

‘ribazos toscos y penas’.

Toda en nobleza de arenas

—sueños, dehesas— asusta

ir ‘vaca y toro’ en sí misma,

aunque humillada espera

al páramo de las muertes

traumáticas de la Esfinge.

No dudes, se vio tragedia,

fiesta a mis almas primero,

luego tristeza, tristezas.

Pezuña si pisa fuerte,

brava, desnuda, lunas

de la razón que moraliza

lejos de la Sensación

que a Santa se Cristaliza

Herencia de la Razón.

 

 

269

 

Sentimiento mugido

sangra de albero,

escupe la paz

tricornia y pegaso

de la Idolatrada

a Imagen del Cristo.

El Toro de Todo,

siempre Sentencia

a put@s, Helo llorarlo

en cruz esculpido perfil,

sol de espada

al son de las vidas.

Pitón en la capa

y no consentido,

hace de infinitos

su religión cuajada,

toro y robustez,

coágulos de miedo.

 

 

270

 

¡Que llegue al ole la fama!

Siempre se está insinuando

lo que destruye el alma;

¡de qué modo huele a vidas

quemadas a sin deseo!

 

 

271

 

Ennoblecida su raza

a perdón desde la arena

toro de formas, embiste

fuerza de sol a sangres.

Hermoseada su causa

olés de toro de siglos,

de búsqueda del sentido

bravo de España,

pesuño de pastos verdes

consagrar —ver la maleza—

dehesa, y en las planicies

mugidos de semental.

Perdón que se dio la lidia

ronda por las lomas

vida del vencer la ‘suertes’,

sólo para darse muertes

densas de lo que lo ampara

terruño, pastizal cetrino.

 

 

272

 

De muchedumbre sentido,

¿qué abato en melancolía

de mulos?... Copio la ida

sitio de las podredumbres.

¿Qué halago en la paciencia,

porque desnudo con fuerza

el área pitón de razas

fiebre de las decadencias?...

Arena el sol ver la sangre

zumba por las penas para

el dolor banderizado

vida que venció a muertes,

tránsitos que no pasaron,

pues no tienen defenderse.

¿No será de educad@s

hacernos l@s protectores/as,

y no el ir de acusadores/as,

ni disfrutar a derroche

‘sufrientes’ las sensaciones?...

 

 

273

 

Hoy, en ti, pongo y deshago

tanto sentir que amarra

las hundidas espumelas,

amarga ilusión y esperas.

Espejo, vuelca tus lunas

a un verde que lastima

en la charca lastimera

de olvidos y sin olvidos.

A través de los cristales

en turbio suspiro de llanto,

en horizonte a tus almas,

no destilo otros cantos

que suenen más serenos

(sin el lloro de asfixiado)

y viva vendido a los crímenes,

cuerpos que laten ardid,

desalojo, hundimiento.

No quiero hallarlo de ti.

 

 

274

 

Lelo, aquello que ata

de alberos en la demora simulada.

No corro porque cabes

que huyo para nada de ti.

Busca en mí el/la amig@ que odio

y ansío —más rebeldías—.

Hallaré las hilaridades...,

algazara, expresión apacible,

plácida del deleite abierto

que satisface el ánimo

y que no acaba a tu ser,

a no ser que te vayas

mala fortuna: animal a muertes

o espectador sin castigos.

 

 

275

 

Humillación o degradación,

el hecho de la debilidad autoritaria

ante un ser más fuerte.

El cornúpeta nace enlunado

a las dehesas del terruño,

a cosos de orillado.

 

Corre el disgusto

llenar los salientes

del gusto.

 

 

276

 

Matar puede ser culto,

pero es matar...,

cantata del río que me llora a piedra.

Mi ego es un caballo azul.

Lo rebelde, no mantiene sentido

de victoria ni de derrota,

solamente encuentra.

Lo rebelde, halla sin comparativas

el Sentido que lo Encuentra.

No está para disfrutar de la aventura,

sino del Contenido.

La Vida es Tan Severa,

que Jamás se repite..., y esa es

nuestra inserta (introducción

incierta, desventaja equiparable

al detalle de la escena) diferencia.

Tanta pureza, y tan suci@s.

 

 

277

 

Espuela de materia desmesurada

la quietud del toro en el coso,

toro que resiste del poder tópico

y espanto..., la sombra de las tardes

en el campo bañado luz de sol

a monóculo de arena pálida y sueño.

 

 

 

278

 

Pulido cuerno se pudo

liberar de un/a matador/a,

pero no salvarse al ‘sino’

más culpable y sanador

de otros que van vendid@s

a espada de gladiador/a.

Tibio se durmió consigo,

y no tuvo de otra gloria

ni memoria ni conciencia.

Toro tuvo licencia y tiene,

para matar,

cornear las sangres toreras.

 

 

279

 

En el ruedo de las vidas,

di, noble toro, ¿adónde vas?...

–Me llevan...

¡¿no ves al pueblo qué loco

me ampara a su festín?!

 

¡Ay! (olé... olé... ole olé...),

lloras todo bravío la vil

dolorosa fiebre, la ‘suertes’

(cuánt@s están bebid@s,

fulguros@s de inocentes

latidos que da la Vida).

Toro noble, ¿por qué vas?...

–Me llevan

a divertir esas gentes...

nota cómo están sedientas,

y quieren sangre caliente.

Porque me matan, se anulan

‘suerte’ de la misma suerte.

 

El pueblo se hace aplaudir,

y en toro, queda inerte.

Esta rueda da sus vueltas

bajo el Ruedo —el Devenir—

que abriga sin ilusiones

disciplinas, para no dormir.

 

 

280

 

No dio el dinero la base,

ni el ‘amor’ corresponder

la visión del toro bravo.

Siempre se debe de tener

en dual manso-salvaje

lo neutro de menester.

 

 

281

 

Por “justicia” va el matar...

[...], ¡cuánta iniquidad!

De justicia va el clamor,

tino de la injusticia;

alas que a volar no voy.

Va de alijo la versión

que al Universo lo Tiene

a Presencia para Dios.

Será la inquietud dual,

que todo lo que agarramos

en algo, ha de hacer mal.

 

 

282

 

Pinto hoy, constante

helad@ en su sombra,

y temo lo llamo:

blando corazón subido.

Nostalgia, si dudo

que sea de pérdidas

esta espera...

manso dolor que duele

del adiós camuflado

de suspiros.

Lo quiero.

Anhelo descifrar

causas de hasta nunca.

 

 

283

 

Va siempre asumido; puede

hallar en bestia de fuerzas

la razón que muge... mas temo

se encuera débil y amplia

vibración parda de miedos.

 

Goza el despiste

el acto y la presa.

 

 

284

 

Tiemblo ser fuente de toro,

lagrimal azul y granado

de nostalgia en la que mora

la duda ‘alhambra’ de viento.

Sobra el momento que surge

honrar en asta de temores,

alma y cuerpo, musgo seco

de ausente, pasajero

en las colinas mugientes.

Toro es lo más valiente

hacia el calmado disimulo

de las altas penitencias

del átomo de los infortunios.

 

 

285

 

Lo abrevó la alta montaña

(pleno en lomas y breñas)

densa potencia, y abstuvo

topar los valles del alma.

Lo bufaron con mis almas

más roja bestia sangrante,

y ensueño... a toro albino.

Espíritu de las distorsiones

en la planicie del campo

asola, y no tienta prisas.

Parece cristal su sombra,

que a gravedades altera

bien de partículas penas

ante el embrión soluble

del sol y los pastizales.

¿Qué se destina en las risas,

que el toro no tiene causas?...

Vive el mugido de dios,

al hallazgo de sus ojos,

a terruño de redenciones.

 

 

286

 

El “encandilao”,

el morlaco tuerto

que templó embestidas

propias del descentro,

que a el/la torer@ anclaba

del tenerse cuerpos

de su capa usada.

El “encandilao”

dejó un mal recuerdo

a quien lo abusaba.

 

 

287

 

Linares vistió a Jaén

en “Manolete” de capa.

¿¡Cuánt@s tendrán que morir

para anular la escarlata

maldición de lo muerto!?...

Noche ésta, y larga.

De Islero va el acerco,

dolido hacia el alba

de las plurivalencias.

 

 

288

 

Quiso el Destino ‘tragedias’,

y en Pozo Blanco perpetua

como el color de su tierra.

La banda tocó a mutismo,

a discreción, a cautela, a recelo...

“Paquirri” de blanco pozo,

negro y puya ensangrentado.

No hubo tiempo de penas

y de estoque, el burladero;

de temples amansó el miedo...

de albero lo atemperado

hasta calibrar de acero

bravo que somete a fiero,

‘cornada a los márgenes

que encontrara amenazando

al más simple de sus hijos,

aspecto que levanta el vello

hacia la cósmica salida

de la impotencia al yugo’.

La verónica del ruedo

cogió el capote y las manos

del gris pálido azulenco;

sentencia sañosa y violeta

invencible —sufre el/la poeta—

que enjuga a dolor sangriento.

maestro de capa y espada,

sopló el viento, y toda España.

Dos Toros, ante tal respeto,

hechas la ‘suertes’; no puedo,

ya que el castigo es unánime

y no hay golpe de soberbia

para el intrincado beso.

No hubo seducción a capas,

ni lágrimas mansas de lidia,

sólo eutanasia, discreción

hacia el carmín de las penas.

 

 

289

 

El riego del divertirnos

entre pesetas a euros...,

las batallas del medirnos

el ego de las trasiegas,

el ciego festín que olora

pena siempre encantadora,

ya que paga a su deshora

el valor en su desprecio,

el que se otorga “maestr@s”

que matan a las noblezas

(toros pintos, negros, machos

bajo el dolor de la tierra

que da pasto a quien se quiera

librad@ de sus quebrantos).

Bajío de qué astutas tretas,

aprehender de “maestrías”,

falsas ciencias que un día,

no importa cuándo ni cómo,

dejarán sendas vacías

a sus desplomos, perdidas

de los Encierros del Macho

que Vence el descompenso

de abusos de inteligencia...,

a torillos con las licencias

cubiertas de fantasías.

¡¡Qué Toro Torea al Mundo!!

¡Pobre lo que no aprenda

la Compasión Infinita

—Perdón que cristo encuentra

Huella, Camino a la Vida

desde Cristo, sin Presencia—!

 

 

290

 

Él podía y se retuvo

más esclavo... y diome penas.

Preguntó a quién más Amo:

mi razón de existencias;

sentí qué fuerza en el pecho,

este corazón que encuentra

del silencio brotar vientos.

Bufó de espíritu puro

ser ese tanto sol de oros

que presumió y dio presencia

en húmedo frío de otoños.

Yo sabía que era en toro

cuando estuvo todo esencia

en el Vientre de la Espera.

Rojo y gualda —sin bandera—,

me hago suyo para siempre.

 

 

291

 

¡Que de cupidos centran!

Y l@s poetas,

andan qué verdad siniestra

de toro en el nombre.

¿Qué hace pauta y torea

la queja de dios, el nadie

que aqueja indiferencias?...

Dicen que son...;

importan l@s que de nombres

son nombres

y que a todo Nombre respetan.

He visto las bellezas;

ya sólo puedo recrearme

bajo la falta.

 

 

292

 

Lame a desconfianzas,

ya que la fuga ha dejado

el día del bravo, yerto.

¿Para qué sella el Destino

arenales de sombra a la pasión?...

 

 

293

 

A caída, hoja otoñal,

la intemperie luz perfila

resignar cuerpo del frío.

 

Por lo sensorial

el otoño pasa

para otro lugar.

 

 

294

 

A ti, que a toro te pareces

(esencias que barajas

y acumulas y aceptas

de indecisión poseerte)

y persigues los albores

que abortan premisas

de intrincadas ventajas.

Obstaculizado a tranquilo

e inflexibilizado pastar

y consultar de infortunios

que simulan los tiempos;

recoger y alborotar

a tus más perdidos destinos.

A ti, ya que has muerto

sin rendirte, y aloquecen

las bajas experiencias.

 

 

295

 

Muge de piedra. Verso sin verso.

¿Qué destila seco, y seca, qué mirada

soplo de tiempo, topante y desgana?...

Mudo el secreto..., ‘Amor’; eso, eso

en el fango sentido del progreso;

hasta en dios asusta en las ideas.

En lo atómico venimos y nos da

miedo de encuentro en lo inseguro.

Bien quiero que pronto nos sigamos

en lo firme del ‘caos’ fibra y fuego,

con avance y retroceso en la línea

que permuta sangre azul en horizontes.

¿Es la meta?... no, ni es la defensa

plenitud que desgrana con la noche

hecha piedra, sección de falsificación

pretérita (‘lejana’), los monólogos

abiertos a las hipótesis organizadas

que destellan descalificar a su punto,

espectáculos, acudir de indemne óptica,

impunes a la resulta compasión.

 

 

296

 

Tanta miseria a su paso;

hij@ de la encina se vio,

y en su corazón vibró

torear el Toro del H@mbre.

Por el ‘amor’ a sus padres

aprendió el vestir de luces,

ráfagas que dona, y aire.

Eco perfil con las muertes.

Siento que a las horas nonas

el más temprano mugido

nos topa de puerta grande.

Desde el albero del circo

qué espíritu, ‘pero’ de ansias.

Pálidas voces personan

a este réquiem... las penas

ante tal arte eminente

que no sabe consolarse.

El duelo ha conmovido

los cristales, miramientos

que envenenan con “arte”

los más dolidos momentos.

Tembló toro en las sangres,

triste aceituno y suspiros.

Por el ‘Amor’ Vive el Nadie.

 

 

297

 

Historia la cosa

que acosa verse.

 

Puedo mirar lo desnudo,

ser razón, mal paro y mans@.

La sencillez pasa y toma

las desconfianzas maestras

que traslucientes y afines

no asolan de idealismos,

las iracundas palabras

del tragaluz que ilusoria

amedrentar lo voluble,

cárcel de los dinamismos.

Observando a los entornos

de única esencia dilatada,

hasta gozar lo despierto

trastornado a su principio,

transcurren los conformismos

alejados hasta el sitio

que asola a fisgonería

la sutilidad del beneficio.

 

 

298

 

Luna beis (beige) de cuerpo

despejado, sincero, abierto

en la aurora del redondel

matinal, y naturaleza

inconsciente trabajando,

aguantando suavidades

invisibles, ternuras

de penas, toros ocres,

nazarenos de esta cruz

que roza sus ficciones

al mito; distorsión de somas.

 

 

299

 

¿Qué hago orilla del arroyo,

toro corazón de niñ@?...

Pezuña top@ en las arenas,

mugidos de Saetero,

Cristo que nos dio terreno

para el carmín de la Cruz

bajo sistemas del Fuego.

[...]; y este coto circular

que pleitea en sus instintos

y berrea dando miedo

de acuses por despertar

la cuenta del autoengaño.

Soy valiente, no lo temo.

¿Qué digo márgenes de toro,

riachuelo, corazón de niñ@?...

Es verdad que nos fingimos

a través del desengaño...,

que seguimos amparando

tiempos de la Voluntad

que se da con el milagro

y sostiene el Despertar.

Algo se mueve, me llama,

es tu tiempo; te ha comprado

antes que la “Cuerno Blanco”

en su Matriz te tuviera

ciencias para el desencanto.

 

 

300

 

¡Que Pace del Firmamento

las Probabilidades a lo Ignoto!

mente del Aproximo...,

Rey que Cumple Ser el Cielo

de esta Dimensión terrestre,

Templo del Vacío Carmelo

que Computa a filamentos.

 

 

301

 

Dícese del íntegro rumiante:

que a cuernos óseos se lame

córneo, y que a macho huella

los incisivos, y entre lunas

duerme a día del infortunio.

 

 

302

 

¿Quién pregunta a la inocencia

de un ‘Pueblo’ que se define

de riesgos —que el pronto da el irse—?...

A ti, que bien vives que te vas,

y cabes a la espera sosegad@,

no pretendas que no ensueñe

el Frío de adonde irás, pues no vamos.

¡¡¡Corra quien (por san Fermín)

si no sabe ver de ‘encierros’

los peligros del festín!!!

 

 

303

 

Quizás del ido se dio

esta conformista esencia

que vence al corazón.

Tal vez de nunca será

esta casa cual se llena

de ilusión sin amistad.

 

 

304

 

Va encanto mirar al viento,

y las palabras que llenan

de ilusión los pensamientos.

De adormiladas, la yunta

—buey y caballo— pesa

sentidos que desmienten

vínculos a la labranza.

Aunque los campos ablandan

puros —sudor del Cielo—,

el toro traza (pinta) y pace

regulado de abandonos.

Paso España al atisbarse,

avistarse máscara ante actos

embozados. Pasan el ecos.

 

 

305

 

Corazón de niebla apura

ahondar barranco, espumela,

no estrella ni luna en el vientre

mensajero de la madre.

Se ha planeado cobijarse

a torito ante toro, preñez

y vaca de malogro.

Con tal frialdad se maldice,

que el aborto no hace vena,

pero sí perder el sueño

de comprar casas sentidas

de ficciones iracundas,

coleccionables al dueño.

 

 

306

 

Sólido de lunas plenas,

en pena grande —olor sin uso—,

música vieja del Destino

Indolente, que primero

asciende, luego en silencios

hace el ‘amor’ amargo.

Plenitud impersonal canta

solitario, y enamora

la duda de la conciencia

de extraña compensación.

Tampoco descansa —explica

el que se queja—. Está aquí,

penúltimos ocasos de la Vida

(verde certeza), al confuso

y difuso semejante, abstracto.

De músculo gesto atraviesa

confundirnos las miradas

tamizadas, ‘Muro’ de cerca.

Débil y mugido foráneo,

en palabras recreado

alma de otoños sonoros,

meditaciones adversas

al interno camino.

 

 

307

 

Se lamen en toro y torer@,

las agonías sobre sí mismas.

Harto de las penas espero

la Otra Gloria Vendida

de dios sin tierras ni Cielos.

Se lamen porque se estiman

¿y quién no?... todo se sabe.

¿Qué muge modos, más campo?...

¡Qué silencio nuestras almas

cuando aniden del Ocaso!

El Miedo Vibró al espacio

y nos contempla para fuego

‘el vislumbrar asustad@s

las decadencias del “Pero”

que diaconisa esmeros

hacia permiso de aunad@s

ante el Fracaso... sincer@s’.

 

 

308

 

Ébano de esclavitudes

coincidió sencilla huella

ir de azul, cuernos y campos

con el sol; rojos tristes.

Fingió terruño del campo;

buscó refugio... verde abrirse,

concéntrico, no de abanto.

 

 

309

 

Se curvan insostenibles

en los vuelos de las moscas.

Iba buscando y se pudo

hallar lejano, de astro,

ciencia de un sol apagado.

 

¿Qué molesta al vuelo,

ya que de mosca roza

hasta el desenfreno?...

 

 

310

 

Penando en árbol seco,

sangre al fuego reclinado.

Se oxida olor de aires,

mugiente toro —astado—

del débil alma, y cuerpo

se ha ido eternidades,

activando los momentos

más discordes, dispares

sobre los Macro Elementos

del ‘instante’, enamorado

hacia su Gran Maestro.

 

 

311

 

Cetrin@ de orilla sigo,

direct@ en rojo llameante.

De fondo, más desnudo,

¡qué macho peleón

se bebe anhelo y locura,

corazón desolado!

Verónica bufonada

está entre utopías,

tan dentro con muertes.

Vena del tedio que ata vil eco

en las plazas enamoradas.

¡Qué noches del miedo

desgastan y pulen

tirar los mañanas

que forman recuerdos!

 

 

312

 

Como el toro embiste conciencia

mansa y brava fuerza amarga,

y de astado sí topa en la palabra

a verso siniestro de tristezas,

en todo se duele ver en alma

mas todo respeto con las razas.

 

 

313

 

Digo del toro: se va comprado

en lidia, y no hay más

tiempo que éste... y me suspira.

Cuando del nombre nos topa

el ir de toros en lidia,

no hay más nombre que éste:

signo de, el devenir, venir

que se lloramica corneado ante,

y con el diablo amante

en pases, —gemido de muerte

que ahonda enamorar—.

 

 

314

 

Esta mañana la siento

mugirse en fuerzas; el sol

de las entrañas lidia ver

una siniestra mueca con ventajas.

Esta tarde la tiento ir

donante en la sumisa

voz del toro hostigado,

en el va de las sangres derramadas.

Esta noche en la niebla

del combate me aísla,

humillado en el camino

de mi raza asesina.

Desgarrado fue el instante...

Ahora, ¿qué nos queda?...

el correr del periodo,

presencia en la ausencia

cornúpeta con la Vida...

ley severa imperdonable,

vida en las penas.

 

 

315

 

Como ojo de toro, sin deseo,

sorprendid@ de espanto, dibujad@,

desbravad@ en el romance

cotidiano de la espada sangrante;

lo tópico, el monóculo toreo.

Paisaje siempre sombra; sueño

abierto y despojado eco,

estridente y memorizado amaine.

¿Qué hace fiesta, asta más dentro

luego —exilio en la barbarie—,

verse triste, poeta de silencios?...

 

 

316

 

Berrido el despunte

a cornamentas sonoras.

Sentimiento en miedo frío

lo va tan dentro siempre,

cuerno del ir de palabras,

suspiro fuerte —suspirante—

y no extraño al mundo.

Vago hasta... y en otro sitio,

sentido amplio de loc@

hacia éste, en el vacío

saturado y sin principios.

Dehesa y sangre, acotado

busca huella derretirse,

aplomado y desaires.

Tod@ quiero, y mal puedo

destilar en “no” y alma,

el pronto que llega viejo

temblor siniestro, espada

atardecida, espera de toro,

olé de España por nombre.

 

 

317

 

Este sol de todos —esfinge—,

y no finjo ser sincer@

cuando topo de muralla

este ‘amor’ que brota en celos.

En tales fuerzas milenarias,

¿no me quiero?... Es mentira.

Que sí... nunca es bastante

para la razón..., las causas.

Equilibro ver la espada

cuando de intern@ me divido

a los afectos taurinos.

Surge “monólogo” el alma,

sangrada de misterios.

Por si tardara, ¿qué esperan?...

No se preocupa el Silencio.

Gualda y roj@s, quienes ondean

sus estimas —los sentimientos—

y no devoran en mugidos.

Heme de, en plazas grandes,

y no libre en los designios

que hacen la tarde de toros

más amena, destilada

en los arroyos que abrevan

sin amantes, sin amig@s.

 

 

318

 

Lo típico tópico reluce

su traje... y espesuras.

Como él, a mi deseo

sorprendido de espanto,

dibujado desbravado

en romance cotidiano

de mi tierra y sus gentes.

Lo tópico, el monóculo

siempre ojo de trance

en paisaje de fiesta típica.

 

 

319

 

¿No azacanean (ajetrean,

fatigan, afanan acaramelarse)

a polen las viejas patrañas

que controlaban nombres?...

Del panal se engendra

el zumbido de alas.

Que más olé del toreo

astó en torear de razas

pezuña gris y cautelas.

¿Qué recorre al campo

a retorno de flores,

y al bufido ha escondido

de inciertas hazañas

que no tienen nombre?...

 

 

320

 

En génesis apocalíptico

trágicas tinieblas heme;

plaza de todo abismo,

la neblina en toros.

Sin contorsión tiemblo

intrépid@ y atent@,

la rodera arenosa

de sangre dolida y torer@.

Soplo en ojo sudado

darme brío de profetas,

tentador/a —fuente de dolor—

y cuerpo de evangelio.

Busco honduras, y lleno

las entrañas franquezas

de las fatídicas muertes

con el Alma que presenta

ser Ciencia de asesinos.

 

 

321

 

Ayer noche, mejor al alba,

pude ver dócil, temiendo

a la ceguera, la timidez

dolida y hecha en besos.

Pionera desde la infancia,

en ocasiones disimulada,

primero tierna en novillo

y después en toro... y ahora,

de morlaco consagraste.

 

 

322

 

¿No da razón de poeta

el ovillo de la pena?...

 

El toro en su acometida

nos dice de frente y noble:

‘Derecho tengo a la vida’.

Quién pregunta, sucinta

(breve) resumid@, efímer@:

‘el nombre va neblinoso

mata todo y se lo come,

y conjuga ir sin tretas

del porqué que lo condena

y concretiza a luz serena’.

 

 

323

 

A la vera y en todo,

hay castigo de almas

en las plazas de toros.

¿Vendido a qué?...

¡Vaya racha!

Por si el maestro Destino

Lidia ser de un sólo Cuerno,

pasa el toro... espíritu

corneando al Nunca Más.

A la Ida de “El Todo”

ha de buscar el alivio

su espera al Abandono.

 

 

324

 

Elocuencia el cruce

de palabras al eco,

resonancia del gesto.

 

Agarra el toro del Toro,

soltarse de dios.

No vuelvo.

¡Qué sentidos advierten

el remanso del valle!

 

En la onda del eco

cristalizan las sombras

los espejos del rezo.

 

 

325

 

Cruento cambio del sanguinario

centauro (que fiero de malogros,

a sus roquedas descripta

entre yermos de su vieja estirpe)

pasa, y no quedan esperanzas.

 

 

326

 

Hacia qué toros muertos

saca de pase la historia,

a redondel de castigos

el temor que adueña

a rumia ágil del zigzagueo

de la pradera, y pacen.

 

Cristal del espejo,

el ciclo que trae

olvidos al hecho.

 

 

327

 

Bajo del manso coraje, sol

habita en héroe; me puedo

retener sobre el albero

firme temblor —este llanto

sadomasoquista— el viento.

 

 

328

 

He de contar todo el cuento

del toro que se va con ido.

Dehesa soñó esperanza;

tembló prieta pezuña

en las entrañas, subido,

sí, capa de olés vendido.

¡Qué mala ‘raza’ que brota

de olor de sangres sudadas

desde el arenal del viento!

 

 

329

 

Está tan quebrada pena;

lo mismo no sabe

si huye o se queda

más pura en la espera.

Sol despierto del nunca

ir espada a la sangre.

 

 

330

 

Qué mala causa se pena

este ‘amor’ sin compañías,

sombra que corazones guía

lejos de las tierras frías,

donde este sentir vano

disminuye de alegrías

sus permanencias del Sur,

y a equinoccios se destila

amalgamas de inquietud.

¡Qué alta ciencia se llena

la espera de la salud!

 

 

331

 

¡Que no!, aunque no pueda

de capa morada el beso.

Traje estelar de fuegos,

‘torer@ y toro y las muertes’.

Lo humano, en los errores,

no tiene por qué quejarse

siempre de dios, verse avaro

hasta humillar su piedad

honor de fraternidades

que rondan al simple amparo

llenas de qué suciedad,

sociedad que roba en besos

alcances por descansar.

 

 

332

 

¿Qué Será lo que se Aviene

después de habernos dejado

para el barrido de arrastres,

las formas que ya nos tienen?...

¿Qué dará, si henos olvidos,

entusiastas —ocasiones—

a qué Olé de las pasiones

ante la Suerte Segura

si amuralla emociones?...

 

 

333

 

De la fuente grande

vivió, y no de calmo.

A la puerta —no en los ojos—

esas sombras...

esbeltez con trasfondo

lleno de toros,

casi de soledades.

No será de existencias...

No alcanzamos con la vida

la inmensa igualdad, y...

–¿Cómo?...

La Vida se los tiene

toros de ejidos, deformes.

 

 

334

 

Todo era, y se iba

más cerca siempre.

Ha salido el sol

como costumbre,

y el campo duele

contornos de luces

que ahondan las sombras

anillo de cruces.

Anoche se puso

tristemente triste,

de toro en el Olvido...,

el nunca, jamás

libre de racismos

en las arenas plazas.

Los olés de torer@;

vivió sin muerte

un activo cenit mayor:

sangre y ocultaciones,

honras maduras

que subliman, exaltan

ocultarse de lunas.

Ha salido el sol plenamente.

Creo, fue ensueño

la tragedia, ‘amor’ mío.

 

 

335

 

Afinca del soto,

a sinfín de ramas,

el corazón roto.

 

Casto rebufo a la fuerza,

que a diversidades dentro

ennoblece a las astas

pulibles a firmamento.

 

¿Qué lo ha de tener,

que a semilla es palpo

lo que ya se fue?...

 

 

336

 

En toros Va la Vida, Calma

que Aprieta en Irse.

¿Qué Encuerna Cuerno en dios

de Dios, en Alma y Dios?...

 

 

337

 

De lo prohibido bordea

el límite del Todo

sobre el ombligo del toro...

centro fijo —movimiento constante—

que asomar ha dado

lo descubierto de la franja.

 

 

338

 

Humilla más pesadumbre;

flaco de sierra, toro de plata

al quiebro de seda, sueño

sobre sangre de almohada

a requiebros de aguantes.

 

 

339

 

¡Qué ternura el torrente de sollozos,

el descanso a impiedades!

Sufre, no sé hasta dónde en gris oro,

que alza ‘amor’ del sol más triste.

 

 

340

 

Tuvo de hado el candil,

tope en disciplinas, nacer

mimos del amanecer.

Tembló en dueño acotado

‘padre del no pudo ver’;

buscó arrollar el campo.

Siento que no ha de volver

músculo que ha doblado

alegrarse con el pesar...,

desgaste a vinculado.

De suerte, mendigando

‘un poco más y menos;

este jamás ir amen@s’.

Cuerno con aislamientos,

al igual seren@, id@

torer@ de las sociedades.

Tengo de hado el candil;

espectros de los reflejos

achantan el resurgir.

 

 

341

 

Juega de su buena suerte

marginal, no sólo galas

con los astados que lidia

el/la Toreador/a de las muertes.

Por tendidos y andanadas

quiero ir toro al Toro

de la Macra Hondonada

—Abismo entre las nadas

que olvidan los hechos

hacia abstractas miradas,

libres de pensamientos—.

 

 

342

 

El espíritu de la venta

topa en toro qué lenguajes.

Esperanza del linaje

hace torer@ asumid@,

y prostituye al amante.

 

 

343

 

Como el toro va mi alma,

más sentida que los fracasos.

Alta en dolor, igual tierra

del coso enamorado a desidias

que amparan del Fracaso

la Más Lejana Embestida

y el más cercano abrazo.

 

 

344

 

No culpo a Dios

ni al temor humano,

ya triunfo se decide

calibrarnos faenas

dignas de ensayos,

la sombra de espejos.

Tarde extraordinaria

festeja a el/la enemig@

que a migajas sueña

destinos al h@mbre

que tiende para adorar

en rabo de toro y fiebre,

amparar del morir

temporadas cotas

al Inmortal Destiempo.

 

 

345

 

Cuando el h@mbre pregunta

en la palabra cómo el ‘as’ pezuña

en la conciencia, sin hallar la pena

que lo asusta y lo huye a demoras,

el instante permuta Maestranza.

 

 

346

 

Disonante topó a lo lejos

de largas, y no cautivo

en alma que no se acaba

en cuerpo del sacrificio,

huella que culpó en modo...,

toro, por el mal amigo

que no amarra incomodos

y asalta cerramientos.

 

 

347

 

Allá en el borroso

—sentido de tiempos—,

fue grande de oídas

y alma de cuerpos.

 

Funámbula torpeza

lo asesino crece a lo fingido.

 

 

348

 

De espera nació,

y a Iberia nos vuelve,

más eco en las almas;

tragedia en el ruedo.

No quiere por calma

la Hispana de olés

—a romanas hazañas

marca envejecer

las múltiples marañas

al Día en sus qués—,

ni cristalizar del rezo.

¡Qué “culta” es la fiesta,

humilla al resoplido

que a pasión asienta!

 

 

349

 

El agua desbravaba

las mañanas a sol de plazas.

¿Qué bebían en la fuente,

ya que van llorando

el ir más valientes?...

Corazón, ¿qué preguntabas?...

Supe pronto las causas

que anulan en toros, más plazas.

Son buenas nuestras confianzas,

pero asesinan tan dentro...

 

 

350

 

¿Qué a Cristal nos vuelve

de los vencimientos

—aquellos caminos abiertos

que hoy cubicamos—?...

El sentido va de razas,

pues se Mima el Cuerpo

que Aleja la Casa.

¡¡El Ego ante el ego!!

Pasan las venganzas

topar los recuerdos

de tantas patrañas,

de Almas sentidas,

ya que hallaron desprecio

de l@s penitentes,

l@s del lance siniestro

que Ampara del Sello

que Ocultó el Mañana.

¿Qué nos tiene asidu@s

a vivir de nadas,

computar de Sangre...,

versarnos al Reloj

(relojes, resistencia

a la Impermanencia)

que Sondea Estelares?...

Podemos dejarnos

siluetas de las resonancias,

ecos del Retumbo

(Estrépito Primario

que Creó los Cielos),

y altisonancias cubiertas

de la imitación.

 

 

351

 

Adonde voy, sí lloro

llenarnos de quietud.

Sigo, por si duda

esta voz, callado

en la baja laguna

entera de los salmos.

Busco ver la cruz

amansada del milagro,

ampliada de la luz,

víctima de aclamos

solemnes y esclava

de lo más sereno.

El ‘Amor’ se borra

cuando se dilata

verse en los demás.

 

 

352

 

El toro salvaje;

no da esquemas del ruedo

su asentamiento,

pero sí, el sí del campo

que lo acuna pujante

a coraje abierto.

 

Noche entra el ojo

que busca sitio.

 

 

353

 

Este otoño, de dicción, tiene amargo

el vaso de nieblas y hojarascas

—el frío que ronca labio de árboles

y en toros huidos sin mañanas—.

Tendida, en qué ocultación más larga,

se me aviene el alma, desplomada.

 

 

354

 

La Vida Da la Holganza

de lo eterno.

 

Pegaso de ‘amor’, tarde

en sol; de toro hundid@

en amargo y llen@ de lunas,

que mugen en la Noche

suspiros..., el Fuego Embravecido

de esperas siniestras.

Al Nunca ha Postergado

Ir Valiente ante las vidas,

Limpio de Circo y teatros.

 

 

355

 

¿Dónde la Magia se Auna

al Nuestro Milagro?...

 

Por este dios de siempre,

¿qué Desnuda —Sin Cesar— el Paso

y Viste el tiempo y tiempos

y Muerte Rima de lo Amado,

y Tienta Sosegar al infortunio

Eco que Agrava lo Ingrabado?...

¿Qué digo?... No lo creas...

Duda que ata en “pobre”

el ir tod@ consagrad@...,

y juntamos dividid@s de eternos

a las Presencias.

¿Qué buscamos?...

Nos esperan de huidas

nuestras huellas profundas,

sin espacios.

Nos mimo, aunque Creas

Mal Toro de lo Amado

que Cubres Darte ecos

pendientes de olvidad@s;

no hablo más salientes

que darnos para el Hallo,

desnud@s bajo el sol

que llena del Milagro,

de llantos al ‘Amor’,

búfanos a perdedores/as,

plagiad@s de ecuaciones

sentirnos “Un@ a Dios”...

de Fiesta, enamorad@s.

 

 

356

 

Va el abuso de herman@ a herman@,

el ‘toro junto al caballo’ arando...

piedras del pavor (‘miedo’) surcando

carne fresca explotada, año tras año.

 

Cruza el burro del ojo

el sol que muere.

 

 

357

 

De noche vino mugiendo

un día macho de plazas.

¡Quién sabe si voy torer@

en astas con la esperanza

de un cielo cubierto...

de un tal infierno dejar

que llora de ser siniestros

destinos del Despertar!

 

 

358

 

¿‘Pero’ con fuerzas, es arte?...

Va comedia en la tragedia,

sin hacer pausa, y... ¿el alma?...

No es la noche, ni es el día,

la sensación que enajena

las más simplezas venidas

que al Alma la Sostiene

de ánimas, por la alegría

que asume valorizaciones,

y a sin periodo, ningunas.

 

 

359

 

Cuerno subido. ¿Quién sabe

si me establezco amanecer,

ir taurin@ de tramas,

menos dolid@ y revancha

de luchando, sí, de ocasos?...

Estoy subid@, y la duda

lucha cuernos de apaños,

establecer sin despique

(desquite, venganza,

resarcimiento, compensación),

ni someter sin ocasos

la tauromaquia en el alma.

Voy bajad@, y quien duch@

(acostumbrad@, competente)

de españas, lucha a cantos

establecer en el Allá menos

revancha, en las tramas

con torería y... Quién sabe.

 

 

360

 

¿Si Bello pinto a Dios?...

Como Torero en su Plaza

haciendo el huellas de arenas.

 

 

361

 

Hasta ungirme extinción en vidas,

si voy toread@, qué “suertes”.

 

En sombra se cruzan

dos huellas negras...

vida confusa.

Caen sostenerse

del peso que las lleva...

sol en el charco.

 

 

362

 

Rotas las águilas del duelo,

posan la confianza y el miedo.

La vida es provocante

despecho al análisis.

 

Libre lo sentí en las breñas,

y más mío en las colinas;

y en las mesetas del sol

libre rumiante. Por yerba,

entre rastrojos de viento,

libre fue su corazón,

libremente.

 

 

363

 

Día Más Rojo Entra la “Muerte”...,

la Inestable verdad de lo in-eterno,

la Más Vacía Silueta de Torero.

 

La acción sin fijación pendula

hacia equilibrio alcanzable,

libre de inactividad.

¿No persigue, el toro, ajeno deber,

ya que el peligro acecha distintas causas

y los resultados desaparecen

antes de la realización?...

Frivolidad absorbe su lineal sentido,

continencia a la mezquindad

desprendida a sus infinitos.

 

 

364

 

No hay más ‘patria’ que el Cielo;

toda otra gloria es engaño.

¡Vaya camelo, el/la torer@,

que necesita el aplauso

de ser valiente y seren@!

¿Qué torea la voz del alma,

que busca su dentro fuera

y en olés, la templanza?...

Por si me mimas, no hay Patria

Más Firme que la Vergüenza

que se Fecunda las Nadas.

 

 

365

 

“Tercio primero” la ‘suerte’ de capa.

¿Y los instintos?...

del movimiento se encuentran

en característica mueca.

“Segundo tercio” se estila mover

la sangre y la bravura; eco de...,

y banderillas tiembla del fuego, más dios

aposentar de las inestabilidades.

“Último tercio”; ¿será la res?...

¿Qué humilla pases perfil de muleta?...

Se consuma qué gris estoque,

la lidia, y, ¿será la ley ésta?...

¿Quién espera consumarse?...

 

 

366

 

Libre en el Coso del Diablo

la casta pezuña, y vientos...

fuelles leves al follaje

que hoyamos arquetipos

que duermen del beneficio,

historia que se conduele

almacenada a los vicios.

Piensan que nunca piensan

las causas que se declinan

bajo de los pensamientos.

Vacantes al coso pasamos,

pero culpables y moz@s

de la cuadra en la que vamos.

 

 

367

 

Calcula a tu bien para el descanso;

divide significar a la destreza.

Estas armonías crean entendimiento,

el éxtasis de la Fuente Inagotable.

Ofrécete leve guardián o guardiana

de las trampas que acequian todo;

disciplinando absorbe los oráculos,

y resueltamente desoye aquietares,

razones que contrapesan lo exacto.

 

 

368

 

No es Vacuidad de la Ilusión

nuestro fracaso, sino de la ‘ilusión’

aniquiladora que influye a fortunas

del no preocuparnos de las cosas

que mitigan a universos cambiantes,

y a Magia del Recurso Inevitable.

 

 

369

 

No es Cambio de ‘Amor’ cada diario,

ápices complementarios que definen

si generosamente la Virtud disuelve

la Voluntad Sonora a los Paralelos.

Inclina el beso a la historia del gusto.

Hilos invisibles sostienen la evolución

que balancea preguntas al espejo.

 

 

370

 

Toro que brama, espasmos da.

¡Qué soledad unitaria,

la nostalgia que se apega

siempre de lo que se va!

Todo mundo se tiene,

a razón de su esquema,

la versión de los peros.

 

La mosca del perro,

busca la montaña que la guía.

 

 

371

 

Cuando la Vida se nos tiene,

¿qué Razón a de importarnos?...

Aquí se Auna lo Antiguo

y el Mañana; por confianza,

la más disuelta alianza.

 

Cruzaban la hormiga y el toro,

a fuerzas lejanas,

los ecos sonoros.

En según a modos,

el casi descentro de estrella,

estaba presente, y yo,

ante el Cielo del Infinito Viaje.

 

 

372

 

Ya ampara la Vida miradas

al sinfín distante y transfugable.

El nombre no sueña que lo sabe,

que ha honrado al descubierto

la sombra de su próximamente.

 

¿Piensas entender a la belleza?...

Desnúdate de flores.

 

 

373

 

La maestría ensombrece

el despliego de las reses.

Focos de nubes el Cielo

—huele a tormenta grande

sobre los viejos senderos—

del vicio que oda sangre

(composición atractiva

de índole taurófila, a tonos

y formas, y se divide

a tres recortes consonantes).

Helas que no tientan frío

bajo el ir que adormecen...

¿Para qué pilas del campo

pasa lloviendo?...

A tragos de agua, suspiran

l@s que van bebiendo

la fuerza y lo que haga falta.

 

 

 

 

De confín tiembla y mima

otra doblez, y en tinieblas

la nobleza se cuerna ida,

salves de espada.

 

De las morales construía

la disonante esperanza.

¡Cuánto achanto definía

concretizar las alianzas

que a rebeldes librarían

neutralizar la confianza

donde a Nunca decidían!

 

 

374

 

Todo lo que el ojo es

descansa en que lo miran

ojo que dejó de ser.

 

¿Qué se tendrá la luna,

que al “nombre” le da amparos

simultáneos a la figura?...

 

Busca ‘amor’. Asesina

ir sin gloria. No hace instante.

Coraje que mira bizco

y no suple, da lunático

por acá, más allá,

en lo allí de la embestida;

¡qué dolor —acometidas—!

Busca ‘amor’ y, a espada

encuentra la voz vencida.

 

No es razón apremiante:

‘que el ojo va por deseo,

y encuentro, por asustarse’.

 

 

375

 

En monólogos de pobreza,

nace el machismo español

a sangre falsa, sol de alberos.

Me sabe a vivo en las penas

el pero —un tanto asesino—

que acalla sin más espera

bravo don. “Para torer@”...,

no sonsees del morlaco

que busca luz y halla tristeza

en el babosear del suelo,

en su ingerir de campos

acampados, noche al raso

de padecimientos anarcos

(absoluciones sin representación

o exaltación individualista).

Soliloquio de indigencia,

abuso, despotismo, tropelía

— arte increíble que permuta

la eventualidad de las cosas;

ficción—, a ficticio talante,

nace el semental hispánico.

 

 

376

 

El arte amargo de espada,

lucera espejo.

 

¡Cómo espejea la luna,

más que espejo, piedra roja,

roja angustia al bostezo

que yerra de plenilunios

(lunas llenas) asumidos,

consagrados a las yerbas!

El arte amago de espada

capotea a toros viejos,

longevos —no de primaveras—,

rocas rumias de la tierra.

¡Cómo corujan (lechucer@s,

noctámbul@s, ojos del iris

amarillo, penas negras

que resoplan con fuerza

su estar parad@s, estridentes

y lúgubres) las cunas

lucer@s —atros y claraboyas—

que bien apagan la virtud!

Falsas fortunas se aliña

el/la hij@ que se machuna

por lunas amodorradas

al esquema que lo ayuda

ciencias que lo desamparan.

¿Qué piensa de am@ o señor/a,

ser la aurora que l@ afana

para el verso que l@ cuida

al resoplido esplendor?...

Cautela alarga la jerga

(lenguaje singular, sencillo,

que define a l@s torer@s)

a qué juerga, diversión,

holgorio que bromea acoso

que acota a los descensos,

animales que nacieron

con el derecho a ser viejos

karmas a los encuentros.

Arte atemperado espada,

lucera espejo.

 

 

 

377

 

¿Qué puedo discernir,

si sólo sueño y despierto

el verte, no sentirme...,

darnos lienzos, pinceles

y óleos, para dividirnos

conceptos del momento?...

Se divide... es las vidas

‘poquedad y decadencia’,

que dilata todo a atarse

orillas de plenitudes,

estas que huyen y hacen

cohibir mansa inocencia.

De lágrimas —falso alegre—

multiplica en corta espera.

¿Para qué sigue de novio

loco en palabra del ‘nadie’,

gritos, ruidos uniformes

que alza hipócrita y muere?...

¿Qué intento meditar

(torer@ de los principios

que huyen por menester

a todo lugar o sitio

adonde afinca la fe

la razón y los vínculos),

si temo ser quien soy?...

Del toro ya ido, va el/la torer@

excéntricos debates

del ego de sus muertes,

astad@ sentir recuerdos

que l@ abate y l@ reprende

bestia del jamás parar.

 

 

378

 

Torito nació

de la vaca coqueta.

Colleja la hermosa

sensación de los cotos,

llanura y dehesas.

Torito vivió

del pulcro despierto,

a pisaverde, y llenó

los espacios abiertos

a sensible y ‘amor’.

Torito ganó

—presumido empeño—

todo a su crecimiento.

El momento, caprichos

a bonitos de luces...,

a lucido del eco

del lúcido estandarte

que lúbrico encuentra

sus híbridos, y nace.

Torito coqueto

lo adueñó el tendido

de sol y de sombras,

mientras amparaba

bajo el sufrimiento

el recorte medido.

Torito dejó

estos firmamentos.

¿Qué lo presumió

figurín en las muertes,

ámbito de estreno

a torito de dioses,

hacernos penitentes

intern@s a lo extremo?...

 

 

379

 

Acotado sueña en la viveza

no temer la vida que lo avenga.

Es la fuerza concentrada

día a día en las dehesas

prolongadas a las suertes

del sol y de sangres.

Han pasado examinados

a valores que sondea el mugido

—lo acorde— a las astas puntiagudas

del emotivo valuarte...

y él..., ¡cómo pisa noble

bajo el sol que amiga!

Amig@s de la ‘suertes’

lo tasan para el acto, con placer.

Toro da encuentro reservado,

tenemos sensaciones que vencer.

De acotados empeñan

los perfiles de las muertes,

cambios emblemáticos

que hostigan el ‘no-ser’,

castigos a la Impresencia.

 

 

380

 

Quien quiera dar sentido

a la Vida o a la Muerte,

en toritos del alba puede

llenarse sin fantasía

el acorde que lo aviene.

Pronto tiembla de suerte

rojo viento en la corrida.

Alma donde enfría,

esconde sentir la espada,

y calienta en ‘amor’

que no ha podido

ni acotar detenerse

flaco suspiro a inhallables.

 

 

381

 

En reo indescifrable,

con olor azul y poeta

del rojo entre los labios

herméticos, soledades

que hacen esquina ante

la recta-curva de esperas

desvirgantes de lidias.

¡Qué ‘amor’!

Deseo o no, lo veo novillada

maldita del instante

historial de pecados.

 

 

382

 

Pendiente en tal cariño

estoy tocando en toro

de sino, lo más profundo.

Sobre de un eco caído

lo añoro, y no me niego

diamante; frío amanecer

a deceso de eutanasias.

 

 

383

 

Peso que lleva dar coplas

de sentimientos dolidos,

desnuda no alterarse,

y no procura otras penas

que en astas de sangres

y ‘amor’, que lo conforta.

Peso que lleva dar copla

de sensaciones —sentidos—,

desnuda ir torpes lidias

a toro —sin sombrero—

para el dolor más rendido.

 

 

384

 

Existen los colores,

o el movimiento de formas.

No suspires ver la Luz

ni la Oscuridad Redonda.

La poesía y las sombras

se unifican sin apuros.

¿Quién va sentido deceso,

triste y alegre, contigo?...

 

 

385

 

Pupila de Dios y toro.

Sueño que va divina

la voz cuando asesina.

¡Qué triste, si arrima

interna de culpable,

sentencia con destinos

en sueño que culmina

nivel para los ojos!

 

 

386

 

¿Qué suda de hervor seco

en el fuego reclinado

y oxida de olor el aire?...

Mugido toro, investido;

fiambre, hora suprema

que rige para embustes.

Mi alma lo codicia

y su sentimiento lo desgasta.

Va ungido de bizarros

desde el rompimiento.

 

 

387

 

Del pulmón mucoso

pasa por donde se pasa

para el pitón incoloro.

Diurno se pisa el alba

y el pasto de agosto

que afronta el suspiro

pendiente de arenas

para los recodos

que acomodan poco.

Ya fue valorado

a kilos su peso

(Allá en los Periodos

que Aúnan Tiempo

entre los lapsos);

“ni rabo ni orejas”

le han encontrado...

quien hizo el embiste

los llevó en sus manos

de razón primera.

¡Qué toro más toro

pasó por los prados,

dehesas y montes!

Albas lagunas tiene

del “paro”, mugir la luna.

 

 

388

 

Aunque orillas lidia occisa,

tengo raíces profundas.

Sin el tiempo necesario

conquistaré de simas la base

que reconozca sin demora

estos afanes merecidos.

No pienses que te olvido

en este trastorno manso,

ni dudes si no te amo,

nací para estimarte: ‘amor’

y cadáver de estropicios.

Piensa ‘si lloras el presente’,

estamos a tierras buenas

de baldíos, a lo acabado

que erradica zozobres

y derrota por milagros.

Aunque limitara ofenderte,

pasas etéreo noúmeno.

 

 

389

 

Estaba. ¿Quién lo sabe?...

¿Dónde... y cómo...?,

no podía sostenerse.

[...], sudado dios y pezuña,

estropeaba abiosis tildar

el arrebato velado

que arrasa madrugar

maestranza de los dioses

que embroman diaconar

retumbos de lo muerto.

 

 

390

 

¿Mugiría el toro

si su nobleza sempiterna

le fuera arrebatada?...

 

¡Qué disyuntiva, alternativa

de señalamiento a distancias

inconvenientes que conservan

del impacto que surge

condolernos adentrad@s,

bajo la macro in promptu

(de improviso imperiosamente),

a in púribus (desnudo natural,

en cueros), que inquebrantable

nos conduce culturales

de la desdicha opinada:

“nada se sostiene o ampara

los roces hechos caminos”!

 

 

391

 

Suena el clarín, cómo sueña

de torer@s enarenad@s,

sentido a color de sangres...,

novi@s en pases al instante

enamorado ‘pero’ al toro;

enviste atezado estandarte

de la encapotada lidia.

Fuerza de fatalidad delante

de la espada que vio la suerte

de encontrad@s a perderse,

suena el clarín mansamente,

siempre ensueño a bravo ido

de torer@ indiferente.

Tendidos de arena duermen

(y mi Dios no está presente;

válgame dios. ¡¡Vaya suerte!!)

y hay verdugo aspirante

que huele a humor quererse.

Brioso el clarín estremece

todo el occiso más grande...,

tara-ta-taratatí-ti-tí-tararí,

réquiem de muertes.

 

 

392

 

No es la bravura del toro

lo que nos vierte en ser mans@s,

lo que nos pierde en la fiebre

de el/la vividor/a de engaños.

No es en la victoria ganada

lo que nos nota del fuerte,

sino las diferencias creadas

en asombro de plasmas.

 

 

393

 

En la herida —toda infectada—,

quiera el tornasol a su promesa

me avenga sin asustarlo.

Parca gloria del macho hondo,

Cloto, Láquesis y Átropos,

se hila..., se devana..., y se corta...,

que amarga meollo rebasado.

Autómata la fiesta en el alba,

donde el suspiro se emplaza

quebrado olé a sangre ancha

de qué volcán derramado.

 

 

394

 

dios de las lomas,

en el encinar del campo

pezuña mugiente asomas

—y no es mentira— sin llanto.

Ojo puesto en las entrañas,

breñal que está sentido

más quebrado que el aire

de mis almas, de este frío

suyo y mío y de nadie.

Va verdadero en las astas;

como rey tiene corona;

despanzurra lo óbito

el desurdir de avivado,

coso de exanimación:

dios de las lomas.

Siempre de gala, tragedia

del asesino en la grada

que anhela sentir jolgorio,

torer@ y toro de plazas.

De las lomas, a Dios;

en este mundo de espanto,

alma del Alma, zozobras.

 

 

395

 

A lo extremo del río

el sueño baña

vaciar la gloria.

 

Sobre la capa espero

victoria de suertes malas,

sólo a un paso del camino

y la gana.

 

Arroya el frío

miedo del llanto,

abismo al charco.

 

 

396

 

Esta ‘sinrazón’ da estética;

busco estimarla con base

y encuentro fríos desnudos

que acaecen a decesos...,

aires metidos a mis gentes

cuán ínsulas literarias,

follajes de las palabras

que a métodos discordes,

asonantes braman, ululatos

de ubres —condolencias

de leche santa, milagrosa—,

vértices de ramas poéticas

a la incompasiva crueleza

de qué buen gusto trágico

ante la insegura naturaleza

—pases al soplo del existir

bajo rumias que pierden

el más sublime truco—.

Esta sin razón, maestra

de poses, nos arremete

de vagancias que engendra,

puede obligar al dolor

de la flecha que adentra

a sima y somas, a la pasión

de que nada abate escuela

a no ser con ‘Él, No-Ser’.

 

 

397

 

Torer@ al Calma llegaste;

me vas huecos del alma...,

notas del clarín chocado

en los aplausos que ululan

del fracaso enamorado

—coro alargado, pasodoble

sudado— y sin cautelas

la línea que golpea y gira

incidiendo en teúrgias

(‘sistemas secretos’) que

a su irrealidad procede

pre-principio y abisma

a tiniebla del fuego ciego.

 

 

398

 

¡Qué sentido

enferma al medico!

 

fe, en orilla lineal extingue

doblar a toros de horizontes

mugientes, desde la linfa

coagulada; y no se esconde.

 

¿Qué será la onda,

pues lo ahueca todo

bajo ley sonora?...

 

El gusto aproximado

es un asco,

y tropieza a la boca

en su pie.

 

 

399

 

Caigo en su ‘amor’ herido,

ocultación por quererlo

ante los omnímodos

devastares de afincos

que lloran sostenernos

hij@s de ninguna Causa,

y nos engullan a designios.

 

 

400

 

Horizonte en dos almas...;

y no destiló el remedio.

¿Quién dio la pálida pena

ir roja en duelos, sin negro

contrariado a los deseos?...

Sin conmoverse, ¿qué vio

su mente en los pitones?...

¡Qué triste olé hace fuerte

la rota consolación

de lo vivo en lo inerte!

Sabía que tenía de ‘suertes’

las muertes.

Nos resignó

con fríos temples —valiente—.

Esta “gloria” del Destino

no amplía entre dolidas

muecas de los atares

a la capea sin ilusiones.

 

 

401

 

Arando..., arando..., arando...,

removiendo la tierra con el arado,

se siente el compartir de la cosecha.

Hecho luto, descansa del castigo

de la burla saturada del envite...

sin amig@s.

 

 

402

 

Decidí: muerte pasada,

anida olvido.

 

Para el árbol seco,

lo puntal del campo

amarra los ecos,

y en sus ondas pasa

todo el Cielo abierto.

 

 

403

 

Soliloquio en toro

espero... y te deseo.

Son tristes las ansias.

Quiero y no, mas temo

que me pueda torear

si tardas en llegar

monólogos y silencio.

Espera, te propenso

más todo, sin soledad

siniestra de los ruedos.

En Toro de España

embravece. Ya puedo

torer@ de las palabras

vencerme, y de olés

de plaza enarenada,

tormentos, cualquiera

que reta imponerse

la espada mañosa

que ronda el tendido,

penumbra que sombra

el tedio arrogante

que ampara espectros.

Fuerza que estremece,

la lidia en las almas

del sadomasoquismo,

soliloquio en Toro.

Me adueño y prosigo

arrojo hasta los valores

de tal tristeza inmensa.

Toro, estoy contigo

latidos del corazón.

En ti (lector/a anónim@

que razonas), pongo la alianza

que obtenga el perdón

que abarata en deshonras

los votos de Salvación

a la Pena que se nombra

“timos” para la Ilusión.

 

 

404

 

Nombres, ¡no!

Cándido temblor de barro,

tan dentro dolid@ y sin

cornúpeta,  y animal

avenid@ a la Matanza...,

abuso del Eco que define

sentenciar “sadomasoquismos”

sometidos a dolor de astados.

¡¡Qué Ay, para olvidarlo!!

Nombres, ¡no!

Sin ti seguirán las burlas,

y contigo, las callamos...,

quedarán absueltas

por absurdas, absoletas

(a escaso uso, inadecuado)

del Olvido en que vamos.

Nombres, ¡no!

 

 

405

 

¿Qué darán los trinos,

ya que afirman nombres?...

 

El/la que de toro se arrima,

buena vaca l@ defiende.

Sueño en cuerpo desnudo

qué opulento enervamiento

que se orilla ser eterna

fuente en sangre y soledad.

 

¿Para qué cantos

se han lagrimeado

los nombres?...

 

 

406

 

Quiero dejar buena huella;

desnudo mis pies descalzos.

Medida de reinos se afana

la nítida pisada en la bosta

de una vaca enamorada.

¡Qué ley más primaria tiene

la razón que nos permite

afincarnos a los bienes!

Y por bienes van l@s hij@s

que afanan sin defenderse

al sendero que sostienen.

Y a tal realismo, vence

la ecuación que sustenta

libre de computaciones,

en la haces que ostenta

ser la diosa admiración

a la armonía del ajuste,

pues desmiente ocasiones.

Para tu desvirtualización

el toro posa de muertes,

pases de compensaciones

que rondan de ti la ‘Suertes’.

En pequeñeces los reinos

sienten que se guían Algo.

Piensan que son los deberes

de los dioses, a destajos,

desde el fango que advierte

ir de espejos, simulacros,

asumiendo el Fracaso

que desintegra los hallos.

 

 

407

 

No hay mayor lejanía

que el beso de las sombras,

ni más grande cercanía

que el labio del horizonte.

 

Aquí, el sentido, no habla,

ya que tal orgullo se mece

y no es cuestión del halago.

Ecuador de la corrida,

cuerno a pitón potable,

la inocencia simplifica

y sincera corrección,

ánima al desencuentro

llamas de la perfección

alejada de sus adentros.

Aquí, el devenir alínea (alinea)

la piedra —diamantada—

a sin alijo, ocasión

que narra a la pasión

de encuentros, de todo a Nada.

Aluvión amplio de alegrías,

las formas aproximadas

al sortilegio (adivinación,

providencia supersticiosa)

de espacios que las Guían.

 

 

408

 

Esto eran reinos tan despacio,

despacio, despacio, despacio,

que una tortuga los cambio de sitio.

¿Cuántos imperios enamorados,

desalmados, se olvidaron de soñar?...

 

A través del corazón,

silencio con las ausencias,

a golpes con la ilusión.

 

 

409

 

Detrás del brezo la nota:

“emboba el mirlo

sentidos de tórtola”.

 

No importa el tiempo,

ni los espacios,

ni las penas,

salvo el ‘amor’ de tod@s

después de la reflexión.

 

Tregua, pico amarillo

y cuerpo negro; el mirlo

adentra en alba de toro

a dios de sombra.

 

 

410

 

Del suspiro ronda

manantial, el bosque.

 

Hace de destino primero

lo otro que nos añoramos

corazón de desespero.

Mírame a los ojos

—pero sin odio—,

entonces veré contigo

qué ruta hay para seguir.

 

Bajo la hierba

crece la lombriz del sueño.

 

 

411

 

Huellas de franqueza,

los caminos tienen

que soltar las piedras.

¿Qué tendrá la Vida

ya que Alonga Irse

siempre a diferencias?...

Busca el movimiento,

pues lo desigual

hace la distancia.

Las lejanas huellas

en tal punto están,

ya que no se encuentran.

 

 

 

412

 

Qué dantesca admiración,

el ser que busca caminos

y encuentra su alrededor,

el sentido de aproximos

a la Macra Sensación.

Extractos que alejamos

de lo todo, a las divisiones,

da el Uno, y razonarnos

unánimes del siempre adiós,

adiós a lo que surjamos.

En los sendos más amados,

la luz que a tanto nos toca,

cumple, y en nos, no roza

de qué sigilos de ‘Amor’,

libres siempre de las cosas

que anhelamos ‘Ser’ con Dios.

 

 

413

 

Herradura al revés,

patria ofendida.

 

A mi agrio, a mi cornúpeta,

lo tengo todo ocupado,

y parece que el tiempo ‘quieto

a inquieto’ lo ha enamorado.

 

La pregunta es

siempre a la respuesta

que jamás se ve.

 

 

414

 

A mi amargo lo dejo bien ocultado,

ya que lloran las penas para penarlo.

Amado lo ensalcen hacia enterrarlo

cuando yo muera cantando, ya que

no goza presencias para encontrado.

¿Qué satura pálido rosado, del beso

que se dio, pues queda amartelado?...

¿No puedes crucificarte?... exígeselo

a tu prójimo, que índice de la moral

aborda a la pasión de tu abandono.

 

 

415

 

Oye la esencia del bosque

a recursos del aura!

 

El suplicio de conciencia

es dolor soportable,

pero el daño sin dolor,

es pesar, causalidad

contra la Pena inhallable.

 

Entre los pinos doblados

pasaron ‘el viento y la noche

y la pena’, cantando.

Hacia lugares cercanos

se oyen los gritos,

y llorando el recuerdo,

amanece olvidado.

 

Bajo los pinos caídos,

olor del exceso, pesa

el tiempo de la lluvia

y el suspiro.

 

 

416

 

Qué destilo de agua

después de las lluvias

sostiene a las patrias,

los límites sangrados

que emboban las rocas

luz de las miradas.

Qué sutileza encendida

ilumina en las nadas...

van focos de tinieblas.

 

 

417

 

¡Cuánto denuedo volviendo

la lluvia al viento!

 

Cuando las chumberas

reflejan del agua

que atiborró la tierra,

el “noble” da huido

el frío en las yerbas.

 

¡Qué destronque de gajos

fortaleció al campo!

 

 

418

 

De aquellos atardeceres violetas

que florecían darse luz al campo,

la pena se ha dado sus frutos.

No sostengamos a vacío inmenso

el amanso, el pundonor todavía.

 

Las esquilas del tiempo

suenen todo el paisaje.

 

 

419

 

Estado de olmo negro

en un febrero sin hojas,

puede mirar lo que sobra

en el ‘amor’ a su olvido;

sello que nunca se toca

lo salvo para sí mismo.

Estado de olmo blanco

posa el jilguero y su trino

más allá de los recuerdos,

lo todo que ha de llover,

destilar de espejo el Cielo.

Y aquí no importa tanto

si los almendros florecen

ciencias de tal desencanto.

 

 

420

 

¡Qué violada secuencia

nos tiene abismad@s, ecos,

flamas del fuego al decoro

que avergüenza del hacha

a todo árbol de ensueños!

 

El atinado ya llega.

¡¡¡Así es la muerte!!!

¡Qué alacrán se siente!

¿Qué ha vencido al campo,

porque no se duele?...

 

 

421

 

¡¿Qué tormenta dio

el rayo de luz que sudó

el ánimo del algarrobo,

y el de las vaquillas

berrendas (‘pintas’),

negrillas o inversas,

y resplandeció azulinas

a sus descuidos,

que las hizo templarse

más ausencia?!

 

 

422

 

El toro embiste

hasta encenderse aprendiz,

beso a la luna.

¡Qué sangre lo vierte

a la tenue de plata

que a bravo lo obtiene!

No te quedes del ¡ay!,

que pasa dormido

y la fuente palpita

del dejar de verse

fuerza de vientres.

El toro, ¿qué ofrece?...,

de arenas bufado

ser de las muertes

(los tratos dejados

a declives inertes

que nunca fenecen)

que palpitan el Sol

que Más Oscurece.

Hace negro pelaje

y errante, el beso,

libre de nostalgia

a mugido de h@mbre.

Ya el toro serena

los cotos de fiebres,

a verde pastos

del descanso eterno,

al Sosiego Siempre.

 

 

423

 

Todo triunfo

es el reconocimiento

de su fracaso.

 

Donde sentido es sueño

pace el ganado,

y flama el olor de orina

bien estufado.

Entre brezo y hojarasca

dan del descanso,

mientras de inviernos

pasa qué eco malo.

 

El otoño no viene

porque el árbol quiera,

sino por la circunstancia

que lo guía.

 

 

424

 

¡Qué constancia cruza el ego,

el ser más amo de cada cosa,

que su torionda asciende y goza

del estatuto viejo, a casa rota!

Devendrán más repentinos

los toros, puesto que del Sí (‘Mente’),

la Gran Sonata Encierra

a Réquiem Perderse.

¡¡Imaginas!! Decoras la necesidad

al margen de ti mism@.

 

 

425

 

Como garras de águila

se siente presa,

una frágil fragancia.

 

Al compás (reclamos

de la acequia vieja,

en un chopo otoñal

cerco que se seca

abandono de pasión,

a todo lo que en dios

se de la gana),

ha roto de dolor

la mota del espacio.

 

En las fincas de el/la ric@

van las fortunas

de l@s múltiples pobres

que la sudan.

Que l@s pobres trabajan

dudas y curas,

ya que sienten en bueyes

o en vacas —sin consorte—,

pasar sus vidas.

En las casas de el/la avar@

el hambre halla;

nunca van mucho

l@s que trabajan.

 

Por fruta madura,

esta caída del árbol

que me sostenía.

 

 

426

 

¿Qué siembra, didacticismo

al campo, dichoso y miedo?...

Ya el viento silba dorado al trigo

del sol, destronque incierto.

Mientras el agua desciende

inversa al caballo, un toro la bebe

a sorbos, despacio, y acorta el día

en verde orilla.

¡Qué frescura, descaro del sueño

que despierto sigue arremetiendo

un sinfín encuentro!

¿Qué tendrá la muerte

en las horas calmas,

que acomete y sopla,

pues se da inexacta

entre los niveles,

ya que nada aclara?...

¿Qué contenidos desgastan

a la noción sincera?...

 

 

427

 

¿Qué defensa tiene el Toro

(no el toro que da el campo,

sino el de acomodos

entre los lenguajes santos,

lejos del dónde y el cómo),

ya que no arranca pronto

viveza entre infortunios

y nos plagia qué Abandono?...

 

Adonde el acierto pace

a su infortunio, gira

el ‘Mío Cid’, Rodrigo

que a “espada” españas

en su hierre de guerras

fieras, que contempladas

al valeroso de Vivar,

que a tales maneras

toreará a los ‘amaños’,

parar de caballo blanco,

estadios de esperas,

que a toros serenos

llenarán sin las penas

a babiecas de España.